Las partes interesadas y los accionistas son dos grupos que pueden verse afectados por las actividades de una empresa. Las partes interesadas son personas o grupos que están relacionados de alguna manera con una organización y que influyen en sus decisiones o son influidos por ellas, tanto positiva como negativamente. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, empleados, clientes, proveedores, residentes, organizaciones no gubernamentales o competidores.
Los accionistas son un subgrupo específico de los grupos de interés. Son propietarios de una empresa y, por lo tanto, tienen derechos de propiedad. Su interés principal suele ser el rendimiento financiero, por ejemplo, a través de dividendos o aumentos de precios. Sin embargo, también hay accionistas que, además de los objetivos financieros, valoran los aspectos sociales o ecológicos, como los inversores de impacto o los inversores orientados a los criterios ESG.
Una diferencia importante entre ambos grupos radica en su capacidad de influencia: los accionistas tienen derechos de participación legalmente establecidos, por ejemplo, a través de los derechos de voto en las juntas generales. Las partes interesadas sin participación accionarial, por el contrario, no tienen derechos formales sobre la empresa, pero pueden influir de otras maneras, por ejemplo, a través de la formación de opinión pública, las negociaciones con la dirección o la presión regulatoria.
Para que una empresa tenga éxito a largo plazo, debe tener en cuenta tanto los intereses de los accionistas como los de los grupos de interés. Un enfoque de gestión integral (por ejemplo, la gestión de los grupos de interés) puede contribuir al desarrollo de estrategias empresariales sostenibles que concilien los objetivos financieros con las responsabilidades sociales y medioambientales. [8]