El umbral de rentabilidad es el punto en el que los ingresos de una idea o acción empresarial cubren los gastos. El punto de equilibrio también se conoce como "zona de beneficios sin problemas". El cálculo del umbral de rentabilidad es sencillo y se basa en tres factores básicos: los costes, los beneficios y el valor de la mitigación del riesgo. El umbral de rentabilidad puede utilizarse para determinar los costes de una empresa. Esto significa que los costes de la empresa deben compararse con el punto de equilibrio para determinar si se está obteniendo un beneficio.
El umbral de rentabilidad indica cuántas unidades deben producirse o venderse para que los costes y los ingresos se igualen. Si una empresa quiere conocer sus costes, primero debe calcular el umbral de rentabilidad. Para ello, se suman los costes fijos (costes que son constantes) y los costes variables (costes que varían en función del volumen de producción). A continuación, se divide esta suma por el precio unitario menos el factor de coste variable y se obtiene el umbral de rentabilidad.
Un ejemplo: Una empresa tiene unos costes fijos de 10.000 euros y unos costes variables de 2 euros por unidad. El precio de venta es de 5 euros por unidad.
En este caso, el punto de equilibrio es: 10.000 / (5-2) = 3.333 unidades.
Esto significa que deben producirse o venderse al menos 3334 unidades para que se igualen los costes y los ingresos. Cuando se han producido o vendido más de 3334 unidades, la empresa obtiene beneficios. El punto de equilibrio es un método muy útil para calcular la rentabilidad de una empresa y ayuda a decidir sobre inversiones, así como a planificar estrategias de marketing y fijación de precios. Especialmente para las empresas de nueva creación, el punto de equilibrio es una buena manera de averiguar si su idea de producto tendrá éxito en el mercado o no, sin tener que asumir grandes riesgos financieros. En última instancia, es importante tener en cuenta que el punto de equilibrio debe recalcularse constantemente, ya que la situación de la empresa siempre puede cambiar, especialmente si la situación del mercado también cambia o surgen nuevos competidores. [4]