Venecia no es un lugar normal para estudiar, y lo decimos en el mejor sentido de la palabra. Quien estudia aquí vive en una de las ciudades más extraordinarias del mundo: Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, sin coches ni semáforos, pero con canales, puentes, góndolas y un ritmo propio. Esto convierte a Venecia en uno de los lugares más románticos y, al mismo tiempo, más fascinantes para pasar un semestre en el extranjero.
La vida urbana se concentra en los «sestieri», barrios de tamaño manejable a los que se puede llegar a pie o en vaporetto. Dorsoduro y Cannaregio son los barrios más populares entre los estudiantes, con pequeños bares, mercados locales, buena comida a precios razonables y un ambiente relajado y cosmopolita. La vida nocturna es encantadora y relajada, con la cultura del aperitivo y los animados «campos», las típicas plazas venecianas, como centro social.
Encontrar alojamiento en Venecia requiere planificarlo con antelación. La Universidad Ca’ Foscari gestiona sus propias plazas en residencias, pero la demanda supera a la oferta, por lo que se recomienda presentar la solicitud con antelación a través de la Oficina de Alojamiento de la universidad. Quienes no consiguen una plaza en la residencia suelen recurrir a Mestre, la parte continental de Venecia, situada a unos 15 minutos de la isla. Aquí los alquileres son considerablemente más económicos y la vida cotidiana es algo más sencilla, sin tener que renunciar a las ventajas de Venecia. En Mestre se pueden encontrar pisos compartidos por entre 350 y 500 € al mes; las habitaciones en el centro histórico oscilan, según la ubicación, entre 600 y 900 €, y son, por tanto, muy codiciadas.
La ubicación de Venecia, en el noreste de Italia, la convierte además en un punto de partida ideal para viajar: se puede llegar fácilmente a Milán, Verona, Florencia y los Dolomitas. Y quien haya recorrido alguna vez el Gran Canal en vaporetto lo comprenderá de inmediato: ningún otro lugar del mundo donde estudiar tiene este aspecto.